miércoles, 14 de noviembre de 2018

¡Gracias 28!

Ayer fue mi cumpleaños, cumplí 29. Recibí muchas felicitaciones, llamadas, mensajes y WhatsApp's con harto amor, cariño y buena vibra desbordada. Dicen que una atrae lo que piensa y lo he comprobado este año porque con ayuda de la terapia, saber poner límites, definir hacia dónde quiero ir, cómo quiero llegar y, todo, todo, TODO, hacerlo feliz, una lo logra.

Los 28 fueron de mucho aprendizaje introspectivo, de ser más positiva, de no enfocarme sólo en lo negativo. De sonreír más a la vida y, sobre todo, darme cuenta de las cosas buenas que el universo me brinda a manos llenas.

Este año, encontré trabajo cerca de la casa (por Toreo), tuve la esperanza de que sería bueno, me di cuenta que no y renuncié, me fui de vacaciones a Mazatlán, regresé con trabajo, entré a Teran (¡Lo logré, gooooooei!), renuncié a la semana porque tuve una gran oportunidad para trabajar en SURA México.

Tuve pastel godín con mis compañeros de trabajo, estuvo bien rico. Fuimos a comer, también estuvo chido. Mi jefa me regaló la novela gráfica de The end of the fxxxing world y un globo del emoji del gato enamorado, fue un detallazo bien chingón y rifado. Alonso me cantó las mañanitas, pues... estemmm... en la mañanita. Mis papás y mi mamá también me llamaron. ¡Todo estuvo chingón, les digo!

También le doy gracias a dios y al universo de que Alonso esté bien y sano, de dar un giro a nuestras vidas por salud, para bajar de peso, y eso también es una forma de amor. Tenemos muchos planes juntos, compramos nuestra camionetita. Estamos formando una bonita familia gatuna. Ahora soy feliz, un cachito de mi felicidad es que mi psicóloga me dará vacaciones por tres meses con miras a darme de alta (yeeey), ha sido un trabajo difícil, pero que valió la pena (y cada centavo en estos dos años y medio).

La vida ha sido buena, yo le sonrío y ella me sonríe. Soy afortunada por tener a todas las personas que me rodean, incluso en la distancia los quiero y los llevo en mi corazón.

¡Ya empezaron los 29! Estoy emocionada por el guateque del sábado para celebrar con mis amigos, nos vemos el sábado, chiavos y sigamos bailando porque como dijo Celia Cruz: "la vida es un carnaval, ¡azúcar!"


lunes, 22 de octubre de 2018

Mazatlán

Hace dos semanas estaba en la playa, sin padecer el frío de la ciudad, despertando con el sonido de las olas del mar rompiendo en la arena, descansando todo el cansancio acumulado y la tensión que guardé durante cuatro meses. La tristeza se fue. La desesperación se me curó en el agua salada.

Mis ojos se maravillaban diario al mirar, hipnotizada, las olas romper. Las olas bravas, oleaje fuerte del mar del Pacífico, sonido que arrullaba mi mente, la calmaba. 

Mazatlán fue un lugar sanador donde encontré sanación, las distancias cortas, su comida, la belleza, la gente y la cerveza al por mayor, por doquier para quitarse la sed. Amé el aguachile, el atún y los camarones más ricos que he probado en la vida. Rompí la dieta, y es que fue inevitable no hacerlo, no pensar en si eso tenía mucha grasa o no, que si los carbohidratos, que si las proteínas, que si las porciones... ya tendría tiempo para pensar en eso. Rompí la dieta y lo hice bien. Comí delicioso y no me puse restricciones (bueno, la única fue comer hasta estar satisfecha). Caminé mucho por el malecón, por las calles de la Zona Dorada, por el Centro, por el mercado, por sus calles bañadas por el sol y sus vendedores de tours al por mayor. 

Disfruté estar ahí. Alonso y yo nos agradecimos por todo: por la vida, la salud, los planes, las alegrías, estar juntos, ser una pareja, por formar esta pequeña familia gatuna, por superar las tristezas y por ser fuertes. Le dimos gracias a dios, a la vida, por seguir aquí, disfrutando, disfrutándonos a cada momento y cada cosa. Apreciamos ser buenos compañeros de viaje y disfrutar, amar la comida a cada lado que vamos.

Me quemé las plantas de los pies con la arena, me bronceé lo suficiente, me picaron mosquitos al por mayor, nunca falta el golpe, moretón, de cada viaje (mi torpeza no perdona), me traje un kilo de más y, como siempre, mi cabello fue un relajo, pero por primera vez en la vida, me hice dos trenzas desde arriba, aunque me terminaron doliendo los hombros (*inserte risa socarrona*). 

Sin duda, Mazatlán fue maravilloso y lo disfruté con el alma y el corazón. 

Foto: Yoko Be

martes, 16 de octubre de 2018

Renuncié

Iniciando el mes renuncié a la agencia donde estuve desde junio. Les dije adiós porque desde el día 1 no sentí que fuera mi lugar, no hubo química, no hubo ese "algo" que da buena espina.

Renuncié porque no hubo conexión con mi Cuentas ni con el Copy estrella, me aburría, me chocaba no ser autónoma de mi tiempo a la hora de la comida y que no tuviera un lugar adecuado para trabajar por no uno, no dos, no tres, sino CUATRO meses, lo que me provocó inflamación en los tendones de ambas manos, un dolor que ya no me dejaba dormir en las noches.

Renuncié porque cuando les dije lo que me había provocado esa situación se pusieron en un plan muy pedante y agresivo conmigo.

Renuncié porque la vida es demasiado corta para vivirla infeliz, insatisfecha, con cara de culo todos los días. La vida es muy corta como para estar esperando que las cosas ocurran y vivirla aburrida todos los días, todo el tiempo.

Renuncié porque fue salud mental y amor propio.

Lo peor de todo es que no me dieron carta de recomendación porque tuve "amonestaciones" durante mi estancia en esa agencia; cabe aclarar que esas "amonestaciones", (faltas administrativas pa' los cuates) fueron injustificadas y totalmente arbitrarias. (De haber sabido, los hubiera demandado por lugar inadecuado de trabajo, en fin.)

Ya inicié una nueva aventura ayer y está chingón.

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jueves, 27 de septiembre de 2018

Nublada

Llevo semanas bajoneada.
Tengo un sentimiento atorado en el pecho y no sé cómo sacarlo.
Me bajoneo demasiado con esta situación.
Estoy desanimada, con desgano.
Me cuesta despertar por las mañanas, no sueño por las noches.
Detesto sentirme así.
¿Qué puedo hacer?
¿Qué debo hacer?, me pregunto a diario mientras leo,
mientras escribo,
cada que respiro.
Sabes lo que debes hacer, me dice mi cabeza.
Trabajo en ello, le respondo yo.

¿Verdad?

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viernes, 14 de septiembre de 2018

Nunca fui emo, ¿o sí?

Hace poco una historia en Instagram me hizo recordar que en 2007-2008 había un odio desmedido hacia los emos y yo, por esos años, me vestía con suetercitos de rayitas y pues me peinaba de raya de lado (como ahora, eso no ha cambiado) y sí escuchaba My Chemical Romance, pero no me quería cortar las venas, aunque sí estaba deprimida.

En fin.

En segundo semestre, mientras iba en el camión rumbo a mi casa en Mixcoac se subió un tipo con su novia (ojo: su novia, mujer), me ve y dice "mira, amor, una emo, vamos a matarla". La chava no dijo nada. Los pasajeros tampoco. Me aterré, no supe qué decirle porque iba sola y me asumí en una posición vulnerable, más porque vi videos de golpizas terribles a estos chavos y sentí miedo de que me fuera a hacer algo.

Todo el camino me acosó. Se puso exactamente detrás de mí y me iba golpeando con sus codos, hasta que le grité "¿qué te pasa, cabrón?". Su novia le pidió que me dejara en paz y la calló. Nefasto el tipo. Se calmó un poco luego de que le grité, pero cuando se bajó me gritó "pinche emo loca" y me mandó un beso. Creepy el asunto, les digo.

Luego de eso, dejé de usar mi suéter favorito y ya no me pinté los ojos tan negros y ya iba bien al tiro siempre que iba en la calle, una nunca sabe cuándo un cabrón loco/demente/culero va a salir con una pendejada y te querrá herir. Luego de eso me prometí jamás quedarme callada.

También me encontré esta foto de esos años y pues sí se ve mucho el estilo, pero eso no justifica NAAAAADA, NADA que por tu vestir te quieran matar, pero aquí estoy: viva y coleando.
*pone bracito luchón* (ja)

Y usaba las uñas laaaargas (naturales, por supuesto)

jueves, 13 de septiembre de 2018

Reto: reducir la basura

En la colonia donde vivo (en la Miguel Hidalgo) no hacen recolección separada de basura, el camión pasa todos los días, pero le puedes dar la basura como quieras y no te dicen nada. Hace poco compramos un bote con separaciones de basura porque la basura combinada suele oler mal, así fue como empezamos a separar aunque el camión se la sigue llevando pareja (¬¬ ¡chingados!).

Es así como haciendo esta separación nos dimos cuenta cuánto plástico desechamos, empaques, botes, bolsas de plástico que me dan en el súper o en el mercado y es horrible porque siempre le dijo a mi verdulero de confianza que no me ponga bolsa y se lo pasa por el arco del triunfo (o sea le vale tres hectáreas de verga lo que yo le diga), así que decidimos Alonso y yo tomar cartas en el asunto: compramos nuestras bolsitas reutilizables de colores para evitar tanta basura y bolsa. 

Nuestro reto es no generar taaanto residuo plástico, los envases de leche los estoy guardando para hacer mis macetitas, la ropa viejita que tengo la voy a transformar en una bolsa muy cuquis para cuando vaya de compras de ropa o tenis y esas cosas; igual regalar la ropa que esté en perfecto estado (que no es poca la que desecho así) y procurar comprar cosas con menos empaques. 

A veces, eso último, es un poco complicado, pero poco a poco se puede hacer. Confío en eso. Creo que las pequeñas acciones personales son las que pueden ayudar a mejorar las cosas en la colonia, en la ciudad, en el país y en el mundo. 

Quiero animarme a probar los shampoos en barra, cepillos de dientes de bamboo y cambiar a un zacate de fibras naturales. ¿Alguno ha probado los shampoos en barra? ¿Cuál me recomiendan? Como que siento feo tirar los pinches botellones enormes del shampoo, supongo que también los haré macetitas porque mis suculentas están sacando muuuuchos hijites y debo trasplantarlos. Haré hartos regalos de suculentas pronto. 

En fin, me estoy haciendo más consciente de lo que genero, ya les contaré los progresos y complicaciones en esta nueva aventura. 

Cuéntenme, ¿ustedes hacen algo con su basura?

Foto: Pexels

jueves, 23 de agosto de 2018

Hablemos de La casa de las flores

Todo mundo está hablando, bien o mal, de la nueva serie sensación de Netflix: La casa de las flores. En tan sólo dos semanas se ha vuelto todo un éxito y he leído comentarios que van desde "pinche serie chafa", "ay, sí, ustedes odiando a Televisa y en Netflix sí ven novelas" o "¡qué divertida está". Pero yo hablaré de varias cosas que noté en la serie, que me gustaron mucho y me hacen pensar que no es una novela más de la escuela Televisa, ahí va:

(ALERTA DE SPOILERS)

Hay sororidad
Así es. En esta serie desde el capítulo 1 cuando Roberta deja la carta explicando todo lo que pasó y luego en el siguiente capítulo cuando Virginia lee la carta no quiere tomar venganza contra Micaela (hija de Roberta) ni tampoco grita como loca que la odia y que quiere destruir a ella, su gente y su memoria. No, al contrario, toma un tanto las cosas con calma y, cuando hay una escena en el cementerio, se ve cómo ambas se toman las manos y se vuelven cómplices de una u otra manera. ¿Cuándo hemos visto eso en las dramáticas producciones de Televisa? 

Mujeres fuertes
Aquí se encuentra una delgada línea entre ser una mujer fuerte y una mujer que deja todo por su familia. Tanto Virginia como Paulina son las que mantienen a flote a la familia, quienes están conscientes de las situaciones reales que les pasan y son las que resuelven todo, pese a las adversidades. Al final, Virginia le dice a Paulina que viva su vida, que disfrute a su familia, que sea feliz. Además, ambos personajes se mortifican (con razones justas), pero no se tiran a la chilladera, ¿verdad, Victoria Ruffo? 

Se asoma la diversidad 
Sí, lo hacen ver cómo algo frívolo, pero es súper padre que se muestren travestis, transexuales y gays sin el escarnio propio ni los chistes pendejos que suelen hacerse en televisión abierta. Aquí nos muestras a las drag queens como las reinas-divas que son, no como tipos disfrazados fingiendo ser "vestidas". O cuando María José pasa por la revisión en el Reclusorio y es discriminada porque no en su pasaporte sigue siendo hombre o la nula posibilidad de poder ejercer como abogado aquí en México, ésos son pequeños destellos de lo que viven las personas trans en nuestro país. Lo de gay/bi de Julián pudieron abordarlo de una forma menos frívola y absurda, pero al menos se hablan más de estos temas. La bisexualidad en series mexicanas rarísima vez se toca.


Ya para cerrar. Hay contenido muy diverso en Netflix sino les gusta ser parte de la perrada, dejen que al menos los demás disfruten a gusto. La neta esa serie tiene cosas chidas y hay que alcanzar a verlas.