(Púchenle play y que empiece la segunda parte...)
-Has sido la grata
sorpresa en este momento de mi vida, le dije.
-Lo mismo te digo.
Exactamente lo mismo, me respondió.
¿Saben cómo se enamora a una chica con alas en cuerpo, mente
y corazón? Se le enamora dejándola libre, volar por los cielos para que después
vuelva. Así se enamora a una chica como yo o, por lo menos, así me enamoré yo en
esta ocasión.
Si hay algo que disfruto mucho de compartir mis momentos con
otra persona es que se me dé mi espacio, tiempo, aire y libertad.
Verán cuando salí con Andrés, en ningún momento hubo
contacto físico, sólo era charla y risas, nada más. Esa situación me tenía
bastante cómoda debido a que se respetaba mi espacio y, creía yo que las cosas
iban tranquilas, sin prisas, paso a pasito (como
la canción de Angélica María), sin sentirnos obligados a nada de nada,
libres pues (o esa era la idea,
básicamente).
Sin embargo, un domingo que fuimos a tomar un café a Plaza
Santa Fe (mira mamá, tienes una hija cool)
entre tanta charla, anécdotas de la facultad, logros estudiantiles, cositas
personales y demás, él, de pronto, me abrazó mientras estábamos sentados y me
puse roja.
