Deberían apedrearme por mi impuntualidad terrible que no me llevará más que a la soledad y me convertirá en un ser aborrecible (y me lo merezco, cómo no).
Meh…
Les cuento.
Conocí a Gabriel en la secundaria, clásico morro desmadroso y simpaticón, aunque nunca me gustó. Se juntaba con otros desmadrosillos: Daniel, con quien me di unos besos y me pidió la prueba de amor, le regalé un Carlos V (yom, yom, eso valió mi "amor" por ese gordito), y César a quien he visto recientemente y platico muy chido.