domingo, 9 de noviembre de 2014

Fin de semana de locos

El viernes fue intenso. En el trabajo despidieron al que era mi jefe y puuum yo tomaré su lugar a partir de mañana. Mucha responsabilidad y llegar más temprano, menos desvelos y más desmañanadas, pero creo que no estará tan mal. Ya leerán mis aventuras por acá… 

Ayer fue el mero mero estresante. "La Chiquita", la perrita de la calle que alimentamos y dejamos dormir en la casa junto con otros dos perritos, tuvo a sus cachorros en la mañana. Estaban en una jardinera y pues sí estaban protegidos de los intrusos pero muy expuestos al frío, entonces fue toda una odisea sacarla de ahí por las ramas y lo complicado para pasar. 

En la tarde con ayuda pude sacarlos de ahí, ponerlos en una caja con cobijas, periódico y botellas de agua caliente envueltas en otras cobijas. Desafortunadamente, murieron dos perritas y una sobrevivió. Aún estamos en cuidados y revisión. 

Por la noche, fui a la marcha con Arafat y sus amigos. Todo muy pacífico y sin percances. Debo admitir que no hubo vez en que al contar a los 43 no se me pusiera la piel chinita y sintiera indignación… hasta que quemaron la puerta del Palacio Nacional. 

Hoy. Hoy fue toda una odisea entre ver que la perrita tenía atorado otro perro y no me di cuenta, nació muerto, limpiarle, darle de comer e ir al mercado, comer con mis papás, convivir e ir a comprar unas cosas importantísimas y ¡mi lap! Al fin compré mi lap. Me desocupé a tiempo y zham vi a Sergio. Tarde amena y divertida. Un joven con buen sentido del humor. No hay quejas. 

Mañana, será un buen día y de cambios. 
Esta semana es mi cumpleaños, el jueves, así que espero felicitaciones y pronto-pronto la invitación pa que le caigan al bailongo el sábado, hagan lugar en su agenda, chavos. 

A ver qué pasa, ya les contaré… 

jueves, 6 de noviembre de 2014

Defectos en la adopción

Tras un par de semanas de platicar con Lu, decidí conocerlo y platicar. Quedamos de vernos en Bellas Artes, llegué tarde y después fuimos al Café Trevi (cerca del metro Hidalgo). En el camino nos platicamos el significado de nuestros tatuajes y me enseñó los principios básicos para hacer malabares. 

Ya en el café me contó de sus relaciones pasadas y cómo era en éstas. Total que charlamos de esto y aquello, sin mayor preámbulo ni problema. Más tarde, me fue a dejar al Zócalo porque iba al concierto de Triciclo Circus Band (my love). 

Me mandó mensaje de que le había gustado ese rato conmigo y le agradecí la plática que, para mi gusto, fue amena y divertida. Quedé en verlo el miércoles y fuimos a comer al Barrio Chino, caminamos por el Centro e hicimos malabares, que iba progresando; nos despedimos y tantán. Me llamó el domingo y salimos, al llegar me abrazó muy efusivo y con sentimiento; lo dejé pasar. 

El martes siguiente me dijo por Whatsapp que le gustaba y que si yo le gustaba… soy la peor para romperle la ilusión a alguien y mi corazón de pollo nomás no me deja, entonces no le pude decir que no me gusta. Así que le di la vuelta al asunto y todo quedó… al aire. 

Me insistió en salir y le dije que no porque tenía trabajo. Vaya, no era TAN falso porque en ese entonces tuve que trabajar en lo de la FIL y mi curso de periodismo narrativo y me encontraba saturada, pero no tanto para no querer ver a alguien (si me importara). Así que me dejó pasar. 

Mis razones para no aceptar su adopción, no sé si fueron aceptables pero quizá sí sean poderosas (o ninguna), él no me gustaba en muuuuchos sentidos: desde su forma de vestir siempre desarreglado como un adolescente adicto a las patinetas, su ligereza y falta de rumbo, demasiado protector y cómo era de ermitaño en sus relaciones anteriores. Además, tiene esa insoportable forma de llamar la atención y me desespera mucho en una persona. Eso no le quita que sea buena persona, sin embargo, no es un chico para mí y de eso estoy segura. 

También él llegó a la página porque no le gusta socializar y le cuesta conocer gente nueva, así que las redes ayudan a los tímidos; pero yo no cambiaría por nada el trato en vivo y todo color. 

Por ese entonces, salí con otro chico que me propuso sexo (así derecho) y otro que no acabó nada bien y fue por una tontería mía… 

Desayuno de campeones

Para hoy hubo arroz con leche y pan integral con crema y mostaza y un poco de queso panela. 

¡Delicioso en verdad! 

Ya me voy a la oficina porque retomo la vida Godinez y ya no trabajaré desde casa *sniff* fue lindo mientras duró. 

Adiós, adiós que se me hace tarde. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Adolecen de sus capacidad virtuales

Así se ven comentando lo de Whatsapp

Qué revuelo se traen con las palomitas azules de Whatsapp que porque se las van a hacer de a pedo, que porque ya no hay privacidad, que a ver cuánto sobreviven las relaciones a este indicador peligroso y verga y media. Paren su tren, yo creo que las relaciones no deben basarse en un pinche indicador virtual (y aquí un texto sobre el tema que escribí para El Universal)

(Y aquí otro de una pelea que tuve con mi "acá" de ese entonces)

¿Se acuerdan cómo eran las relaciones hace 10 años sin Facebook, Whatsapp, Line, Skype y Twitter?

Hace 10 años yo no tenía celular porque había perdido mi Pegaso, entonces, sólo usaba mi correo electrónico (que ahora me da pena, se nota que era adolescente) y pues la confianza infinita de mis papás. Entonces sustituía mis cosas virtuales por llamadas de HORAS con, en aquel tiempo, mi novio y eran horas largas y no habían silencios incómodos. Cuando necesitaba algo le llamaba por teléfono a mi mejor amiga, cuando se había una que poner de acuerdo con el equipo, llamada; si había problemas, llamada. Todo eran llamadas y, en lo personal, me gustaban porque me agrada escuchar la voz, lo siento más real.

Después tuve un Siemens MC60, tenía el teclado en forma de equis, era de los primeros celulares con cámara y ahí pasé de las llamadas a los mensajes de texto y así uno romanceaba. Como, por aquellos años, fallaba mucho la red (ooooh, las cosas nunca cambian, Telcel #Profeeeeco) a veces no llegaban los mensajes o llegaban incompletos, pues uno no se azotaba tanto porque no nos lo respondían al i-n-s-t-a-n-t-e, más bien ya luego, después de horas y horas, decidían generosamente enviarnos el mensaje con la respuesta. O nos los topábamos en MSN (#TíaCuervo).

Más tarde del MSN, vino el Hi5 y el MySpace. Aún conservo mi Hi5 y qué oso desde el nombre hasta lo que ponía ahí, qué bueno que pronto lo cerraré. Digamos que estas redes sociales, precarias en su tiempo, sólo nos servían para cotorrear entre amigos y subir las fotos de amistad y pachangón juvenil.

Luego fue Facebook con su chat y su chat con el famosísimo "Leído" y luego con su "Móvil" o "Web" y tu ubicación. Después fue Whatsapp y ahí valió madre la cosa.

Esta red social nos ha acostumbrado a que estemos siempre al tanto y respondamos al instante, a ver (o revisar) la "Última hora de conexión" para saber si nuestro quiubolesqué se durmió enseguida de que se despidió de nosotros o si se conectó en la madrugada, en la tarde, en la mañana... o sea, el punto es estar ahí enterándote de algo que, sinceramente, a ti no te importa. Y después fueron las dos palomitas, las temibles palomitas que, aclaró Whatsapp, indicaban que ya se había entregado el mensaje y, ahora-ahora, las palomitas azules que te "dicen": ya leyó tu mensaje.

Chachachaaaaaaán.

No, chavos, dejen de adolecer de sus capacidad virtuales y dejen su tren del mame y entiendan que a veces uno no puede o no quiere responder.
Extraño cómo era todo hace 10 años, más sencillo y menos intrusivo, pero... aquí nos tocó vivirssss.

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Consejo:
Si no quieren que se muestre su última hora de conexión, desactívenla. ¿Cómo? Entren a Ajustes-Cuenta-Privacidad-últ.vez- y le dan en Nadie o sólo Mis contactos.
Ahí mismo pueden modificar quién quieren que vea tu Foto de perfil y tu Estado.

No quieren que se guarden los archivos automáticamente: Ajustes-Ajustes de chats-Auto guardar archivos-(desactivar) y listo. También ahí pueden modificar el Tamaño de letra, el Fondo de chat y si quieren crear una Copia de chats.

Si quieren vaciar todos sus chats para que su "acá" no les cache nada: Ajustes-Vaciar todos los chats

Si no quieren ver las palomitas azules, pues... ¡mátense!

martes, 4 de noviembre de 2014

Alguna vez, quise ser perfecta



Hace poco me acordé cuando fui a comprarme un vestido para la boda de mi mamá y me solté a llorar porque varios vestidos no me cerraban o me hacían ver como jamón mal envuelto, pero uno me hizo sentir terrible porque no lo llenaba de los senos, no le lucía nada y se me veía muy bonito. Lo único humano que hice en ese momento, encerrada en el probador, fue: llorar hasta enojarme con mi genética.

Rufunfuñé en ese momento que no fuera rica para correr a ponerme unos implantes 36B y una liposucción hasta que me quedara una cintura digna de Miss Universo. Me maldije a mí misma por no hacer el suficiente ejercicio (cuando en aquel entonces yo nadaba diario en el equipo de natación de la Prepa 8), por comer dulces o comerme esos tacos de mixiote o las fresas con crema que todos los martes mi novio y yo compartíamos. Me odié durante días, semanas y años.

En ese entonces me depilaba los cuatro pelos que tengo en las piernas porque ni vellos tengo. Mi cabello era sagrado porque CÓMO una mujer podía ser FEMENINA sin su cabello, si el cabello hace a la mujer (jaaa). Mi figura era un problema y mi seguridad era tan frágil como el papiro al agua. Nunca creí que fuera suficiente bajar 10 kilos o 15 o 20 o dejar de comer durante días. Yo quería ser pechugona y delgadita, con piernas delgadas y brazos delgados, con una nariz más finita, quería ser como esas chicas de revistas...

Nunca lo fui, es un hecho.

Y me siento feliz. La felicidad ni el bienestar te los dan unos implantes, ni una liposucción ni comer menos ni ejercitarte de más ni la nariz fina ni la sonrisa plástica de una chica photoshoppeada de revista. La felicidad viene de otro lado y es menos complicada de lo que creemos. A veces paso semanas sin depilarme las axilas porque me da flojera y no pretendo irritarme de más. No me quito el bigote ni tolero quitarme las cejas, me duele mucho. No me rasuro las piernas cuando uso vestidos y mis vellos en los brazos son la onda.

Y qué ganas de joder a una, de hacerla perfecta. ¿Ya se vieron en el espejo? Los invito a que acepten sus defectos y ps... dejen de molestar a las demás.

domingo, 2 de noviembre de 2014

La morra que se dio en su madre

El jalogüín estuvo intenso. Una chica iba caminando muy tranquilamente y, de pronto, baaaam, madrazo. Pobre chica, quedó tirada en el piso, adolorida y llorosa porque cayó con una rodilla. 

Pobre. La compadecí muchísimo, se retorcía del dolor, pero sobrevivió, de eso estoy completamente segura. 

Esa chica tonta fui yo. Me caí estúpidamente en Zona Rosa: tengo una raspada en la rodilla, una bola y un moretón con propensión a ser morado-negro en algún momento; una cortada en la mano derecha y una bola en la izquierda. ¡Qué buen madrazo me di! ¡Golpe digno de ser enviado a un programa de risa de la desgracia ajena! Terrible y vergonzoso. 

He andado peda por doquier y no me ha pasado nada, ahora que estaba sobria me rompí la madre, ahí estuvo el detalle: no puedo estar sobria. ¡Me lleva! 

Pa colmo, quería llorar del dolor y no podía (tristísimo mi caso), nomas me reía. Pero una paleta de hielo del "K" solucionó todo, al menos la inflamación (que fue casi instantánea la muy desgraciada) y después a beber que el mundo se va acabar. 

Qué guapo el vocalista de SkywalkerBand :3 si le andaba tirando el chon y el bra y todo. Es más: lo invitaba a salir jojojo. Guapo-simpático. 

Pese al madrazo tuve recompensa.
(No puedo tomar diclofenaco porque bebí alcohol y me puedo cruzar y si bien mi vida no es la mejor, sí está bien vacilador y divertida). 

Pasen tips pa quitar moretones y que mi rodilla quede bien lo más pronto posible porque se acerca mj cumple y no podré usar vestido sensual de 25 años *sniff-sniff-sniff*. Grrrrr. 

¡Qué pinche suerte tienen las que se esmeran en su disfraz…! 

sábado, 1 de noviembre de 2014

Qué fea es la música electrónica

Fui a una fiesta donde tocó Sin Estilo, rifaron. Rifaron. Yo nomás veía como el Fer hacía malabares haciendo sus mezclas, mientras Alonso rapeaba con soltura y sabrosura. Me gustaron. 

Fuera de ellos, que son mis compañeros de Marnuj, otros chicos pufff tocaron bien, rolas largas, pero con narrativa. Aunque la última, era algo de dragón (memoria de teflón que me cargo jojojo), me latió muchísimo porque sonaba como metal épico que relata historias nórdicas. Muy buenos. 

Después todo fue decadente (sufro): un jamaiquino se puso en onda sonidera-flow-reggae que ni dejaba escuchar las rolas de… reggae. Así que me las tuve que chutar durante considerables minutos, aunque con la plática y el pequeño desmadrito entre Omar Beele, Angie, Yive y Rogelio me amenizó el momento tortuoso. 

Acabo el reggae: oh, aleluya. Gracias dios, me hiciste ver que existías. 

Pero. 

Se les ocurrió poner música electrónica durante horas y horas, interminables, insufribles, lamentables e insufribles; terribles. Detesto la música electro en cualquiera de sus variantes. Me desespera hasta el hartazgo, lo detesto hasta el tuétano. 

Entonces. 

Fue terrible pasar frío, escuchar reggae y electrónica durante mucho tiempo. Dos rolas las soporto, más ya no. Línchenme si quieren, no me importa. 

Aunque la neta lo mejor fue pasar un rato agradable con mis compañeros, con toda la buena vibra. No importa que el chico sexy de otra banda no haya tocado, al menos me alegró la noche y grrrr… chiquitito. 

Pronto: una salida marnujera al Patrick Miller.