sábado, 9 de noviembre de 2013

Post trauma

Amanecí con dolor en el pecho y en los brazos, los ojos hinchados y dolor de cabeza.  
Por primera vez, me desmoroné en brazos de mamá y le conté mi pena. Le dije casi todo y no dejé de llorar. Me consoló un buen rato, me abrazó y dijo que todo estaría bien. 
"Equivocarse está bien, hija, es natural porque así aprendemos de las cosas y las situaciones. Ahora, con este muchacho… intenta arreglar las cosas y perdónense porque veo que te duele mucho. Si las cosas no se arreglan, sigue adelante y si todo sale bien, no vuelvas a mentirle. Gana de nuevo su confianza…" 
Me tranquilizó. Pero no dejo de sentirme culpable… 

jueves, 7 de noviembre de 2013

Básicamente el adiós.

Sabía que te vería hoy, que estaba pactado; tal vez por eso decidí irme caminando para hacer que el nervio y la ansiedad se calmarán. Nunca es fácil. 
Caminaba por Reforma, agitada porque no sabía mi reacción y la verdad es que fue estúpida, estúpidamente nerviosa y estúpidamente incoherente en lo verbal. No supe explicarme y mis ideas fueron inconexas. Iba demasiado nerviosa como para expresarme con claridad. 
¿Nerviosa?, te preguntaras. Sí, nerviosa porque pese a todo yo te queria, yo quería estar contigo. Había planeado cosas entre ambos y tú, estoy segura, también habías trazado cosas para ambos como la boda de tu amiga o querías planear algo para mi cumpleaños.  
Algo en mí estaba segura que no llegarías para esa fecha y así fue. No estarás en mis 24, no celebraremos juntos este cumpleaños ni la boda ni las salidas a algunos antros ni platicaremos bebiendo cerveza. 
Tampoco te enojarás cuando te enteres que me enamore de alguien más y mucho menos que me besé con un reportero. 
No podré verte enojado cuando te des cuenta de mi incapacidad para amarte, de ser fiel y de entregarte mi corazón. Me alegra el fin de esto... es la verdad. 
Tengo miedo de que estaré sola sin tu abrazo, sin tus ronquidos, sin tus defectos y sin tus caricias. Sin tus cuentos y sin tu palabrería. 
Sonará idiota y vanidoso; pero jamás te creí tus "te amo" o "me estás enamorando", algo en mí no podía creer que tus 15 años de más fueran ingenuos para enamorarse de mí, te creí incapaz de quererme y de entregarte. Lo vi en tus ojos; pero quería intentarlo. 
Vi tus fantasmas colgados de tu espalda y la tristeza que velaba tus ojos. Observé el dolor en tus manos, ese peso que jamás querías volver a cargar. 
Siento que hayas terminado con los planes, las salidas, las cervezas, los besos, las caricias y la posibilidad. Siento muchísimo no haberme entregado más; siento que me haya cerrado al cariño que expresabas tener a esta loca que te contó su mundo. 
No podré llorarte mis crisis, mis miedos ni mis problemas laborales. Es mejor así. 
A veces creo que esa irrealidad en la que me sumergí de tu mano acabaría en un santiamén, violentamente; y que serías tú quien huiría. 
No estoy segura de muchas cosas, no tengo certezas en mi vida, no quiero hacer planes; pero muy profundamente te llevo como una astilla, pegadito a la costilla, sangrando porque aún dueles y destanteas el terreno. 
Sabía que el secreto de esto no duraría porque a nadie le decías que era tu novia... así jamás funcionaría. 
Fue una ruleta rusa y tocò la bala en mi contra. No, no te apures, sanara; siempre sana. 
Te digo adiós, gracias por la enseñanza. Nos re-conocimos y con eso me quiero quedar. 
Pronto te dire adiós y no dolerás tanto; no estarás fresco en mi mente... lo prometo. 

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Cosas que uno piensa cuando está fuera de casa

Total, venía en Paseo de la Reforma y empecé a reflexionar sobre las cosas que uno hace para convencerse a sí mismo del amor, del cariño o de las cosas que uno pasa en la vida. 
Tenemos esa detestable costumbre de argumentarle a los demás la forma de pensar, de sentir o de vivir los momentos con nuestras parejas o familias; es decir, tendemos a explicar con bolitas y palitos las cosas que vivimos para que el otro en cuestión entienda que el morro con quien salimos sí nos gusta o sí nos lo queremos tirar o sí nos hace gritar en la cama o sí nos provoca placer… o sea, queremos explicarle a todos lo que, quizá, no entendemos o sólo para entenderlo cabalmente. 
¿De dónde me surgió la idea? Pasaba cerca de la glorieta del Ángel y un chico le dijo a otro: "es el güey con el que dices 'no sólo quiero voltearlo y darle con todo, es algo más…', ¿me explico?". 
Entonces, por qué intentamos que el otro entienda lo que es para nosotros una sensación. Por qué queremos insistentemente repetirnos que sí amamos al otro y tenemos que predicarlo con todos y por cualquier motivo. Por qué necesitamos expresar con razones aquello que no entiende argumentos. 
Tal parece que muchas personas lo hacen o lo hacemos para autoconvencernos; para convencer a la sociedad que estamos felices, que vivimos o sentimos. Para hacernos creer que sólo así estamos sintiendo; que sólo de esa manera demostramos que estamos vivos en esta sociedad. 

Y a mí ya me caga demostrar cosas y más a la sociedad… 

lunes, 4 de noviembre de 2013

Un descanso

Lo más seguro es que estas tres últimas semanas haya pasado por algunas desilusiones muy extrañas, una de risa, otra de enojo y una que me ha dolido mucho. 
Dicen que el que sirve a dos amos con alguno queda mal y eso más o menos me pasó esta vez a mí; me tocó perder… tal vez porque esta vez tenía miedo a perder. 
De unos años para acá, sin duda, me ha gustado jugar con el peligro, la adrenalina y con el fuego… al fin me quemé. Tal parece que estoy sólo dándome topes y madrazos tiro por viaje y de a gratis. 
Ya me cansé, la cosa está que arde (literal) y ya no quiero estar así. Lo mejor será dejar mis desmadres por un rato; darme una pausa y empezar a sanarme y conocerme a mí misma. 
No estoy tirando la toalla sólo ya me cansé de los problemas que me cargo… 

Un respiro, por favor… 

miércoles, 23 de octubre de 2013

Antesala

Bastaba un "sí" para que me rompieras el alma. 
Bastaba un "adiós" para que destruyeras mi corazón. 

sábado, 19 de octubre de 2013

Yo

Durante años quise tener a todos contentos con mi apariencia, mis comportamientos, mi vestimenta; ser graciosa, adecuada, bien portada, delgada, bonita; perfecta. Pero era perfecta para unos mas no para otros. 
Quería, deseaba tener a todos felices y la menos feliz y conforme con mi yo de cartón era Yuriko. Ese yo que quería vestir de negro, hablar sin restricciones, no gustar a todos; la rebelde que era y que soy. Yo era la más infeliz. 
Y de pronto, descubrí que no debía gustarle a todos. Sólo tenía que ser leal y gustarme a mí misma; a nadie más. Gustarme con mis kilos de más, con mi cabello alborotado, con mis senos pequeños, con las estrías, con las manías, con mis callos en las manos, mi miopía y astigmatismo, con mi apatía, el sarcasmo y la ironía, con la acidez y lo directo de mis palabras. 
Aprendí a querer mis demonios y mis miedos. Dejé de luchar con mis canas, con el paso del tiempo, mis pies grandes, mi disgusto por las bolsas, no poder usar tacones, mi adicción a los dulces, mi ansiedad y mis depresiones, mis noches llorando y mis desvelos escribiendo fantasías de amor desde niña. 
Trabaje en mis defectos, en mis virtudes, mis manías, mis alegrías y tristezas para aumentarle puntos al autoestima. 
Dejé de dar explicaciones a los demás y comencé a darme razones para ser feliz, argumentos válidos para mí y mis acciones no para justificar mis hechos sino para cuando me cuestionaran poder callarlos y decir "esta, la que criticas, soy yo, no te metas". 
Aun sigo queriendo a esa Yuriko imperfecta. A una mujer corajuda con síndrome premenstrual, el corazón roto, sentimientos atorados; con problemas con sus padres que sintió la soledad desde niña, con amor por los animales y ser dura y exigente conmigo misma. 
No viene aquí a complacer a nadie, vine a vivir, vivirme y a estar a gusto conmigo no con los demás.  

Sigo aprendiendo(me). 

domingo, 13 de octubre de 2013