La Santa Cecilia es un grupo que conocí en el disco tributo a José José, cantan la de Cuidado. La voz de su vocalista, Marisol, me encantó por rasposona y potente, así que decidí buscar más de sus canciones y di con varias que hablan sobre los migrantes y combinan un estilo chicano, texmex, bossanova y cumbia norteña. A veces cantan en inglés y español, otras en inglés y otras en español.
Aquí les dejo un par de sus canciones. Dense.
Esta canción particularmente me ha servido mucho estos días en que he estado bajoneada y pues "mira hacia arriba, olvida lo pasado que el tiempo curará todas las heridas".
lunes, 24 de octubre de 2016
domingo, 23 de octubre de 2016
Halloween es cosa del diablo
Ayer mientras esperaba, confundidamente, a Alonso para ver lo de nuestros lentes, una señora se me acercó y preguntó si yo iría a la marcha de los zombies. Respondí que no, que esperaba a alguien.
La señora remató: es que están mal, eso es adorar a Satanás…
Ahí me dieron ganas de decirle: ¡arriba Belcebú! \m/ pero sólo atiné a contestarle: ¿por qué lo dice? Es que las sagradas escrituras, blablabla, me dijo. ¿Que no tienen un muerto que resucitó a los tres días? Me miró indignadísima y se fue.
No se metan con Halloween que me pongo bien ruda, chiavos. Digo si a nadie le hacen daño y había disfraces bien chingones, ¿por qué les jode tanto? Vivan y dejen vivir.
viernes, 21 de octubre de 2016
Sobre las ideas
Las ideas alegres me ponen de buen humor, pero -¡plaf!- de golpe vuelvo a la preocupación obsesiva y estropeo el asunto; y entonces recuerdo un momento de indignación y me vuelvo a acalorar y cabrear; pero entonces mi mente decide que es un buen momento para compadecerse y entonces me siento sola otra vez. Al fin y al cabo somos lo que pensamos. Los sentimientos son esclavos de los pensamientos y uno es esclavo de sus sentimientos.
Comer, rezar, amar, Elizabeth Gilbert
jueves, 20 de octubre de 2016
Diario de una insomne
Encontré esto entre mis recuerdos de Facebook. Lo quise compartir es de 2013, cuando inicié mis pininos en eso de la reporteada:
Lo conocí en Puebla, a más de 4600 metros de altura e íbamos en la misma camioneta; pero él no lo recuerda.
Me sonrió cuando me cansé por subir una altura de 2 metros y cruzamos, por primera vez, un par de palabras.
Fue hasta la comida donde hablamos largo y tendido. Yo fui quien le dio mi número; él semanas después me envió un mensaje para estar en contacto.
Salí un viernes con él. El mismo viernes en que supe que Héctor era Héctor y dejó de ser el "guapo de la redacción". Bebimos. Platicamos. Había tensión y emoción entre nosotros.
Él no es guapo. Él no es un galán; pero tiene algo y lo sabe. Lo "nuestro" fue algo clandestino.
Eso lo convierte en un buen muchacho para mí; en un muchacho que me atrae.
****
Tuve un "guapo de redacción" que resultó convertirse en un amigo, confidente, coqueto de cajón y un apoyo.
Tuve un "guapo", que está medio roto y medio loco que platica con una media rota y media loca como yo.
Hay un "guapo" que cuando le dejo de hablar me busca; cuando me deja de escribir lo busco; danzamos como deberían hacerlo los amantes: separándose y acercándose; dándose el espacio.
Tengo un "guapo" y él una "coqueta reportera". Lo aprecio.
Una Yuriko lleva un Héctor en su corazón.
Lo conocí en Puebla, a más de 4600 metros de altura e íbamos en la misma camioneta; pero él no lo recuerda.
Me sonrió cuando me cansé por subir una altura de 2 metros y cruzamos, por primera vez, un par de palabras.
Fue hasta la comida donde hablamos largo y tendido. Yo fui quien le dio mi número; él semanas después me envió un mensaje para estar en contacto.
Salí un viernes con él. El mismo viernes en que supe que Héctor era Héctor y dejó de ser el "guapo de la redacción". Bebimos. Platicamos. Había tensión y emoción entre nosotros.
Él no es guapo. Él no es un galán; pero tiene algo y lo sabe. Lo "nuestro" fue algo clandestino.
Eso lo convierte en un buen muchacho para mí; en un muchacho que me atrae.
****
Tuve un "guapo de redacción" que resultó convertirse en un amigo, confidente, coqueto de cajón y un apoyo.
Tuve un "guapo", que está medio roto y medio loco que platica con una media rota y media loca como yo.
Hay un "guapo" que cuando le dejo de hablar me busca; cuando me deja de escribir lo busco; danzamos como deberían hacerlo los amantes: separándose y acercándose; dándose el espacio.
Tengo un "guapo" y él una "coqueta reportera". Lo aprecio.
Una Yuriko lleva un Héctor en su corazón.
miércoles, 19 de octubre de 2016
Me han llenado de amor
Ayer que saqué la cajita de mis cartas, encontré muchos recuerdos de amigos, conocidos, chicos que me gustaron, recortes de mi vida pasada y volví a sentir cada una de las emociones que pasé en esos momentos: los sonrojos, las sonrisas, el brillo en los ojos, esas risas de entre vergüenza y picardía, los abrazos subsecuentes y cómo latía mi corazón cuando las leí por primera vez.
Encontré dos que, en particular, me llamaron muchísimo la atención. Ya no las recordaba. Me las dio Mariana, una chica de la Prepa a la que le decían "La Doña". Me agradecía por ser una buena persona con ella y que había descubierto en mí un gran ser humano. Esas palabras me lanzaron a ese octubre o noviembre de 2004 cuando en el taller de dibujo la vi llorando y ni sus amigos le ayudaban, creo que ellos le habían hecho una grosería, le pregunté si estaba bien y la abracé hasta que se calmó. Le susurré al oído que no estaba sola, que podría confiar en mí si quería. Exclamó un "pero... tú, ¿cómo...?" No importa, le respondí, no soy rencorosa. Le sonreí. Y empezó la clase.
martes, 18 de octubre de 2016
Hola, mi vida es un desastre
No lo digo yo, me lo gritó hoy mi armario. Me gritó desesperado que lo arregle, que todo es caos ahí dentro, que no hay orden, que no sabe ni lo que tiene ni dónde o cómo caben tantas cosas.
Me dijo, de forma agresiva, que hay recuerdos antiguos archivados ahí, que necesita una limpia de ropa, de fotos, de dibujos, de papeles, de cartas, de memorias empolvadas.
Mi armario me ha gritado "necesito orden, muchachita" y no le había hecho caso porque no quiero, me da pereza, no lo deseo.
Pero hoy, hoy me gritó que es urgente. Mis pantalones están en desorden, no encuentro blusas ni playeras (¿dónde está la negra de florecitas?), tampoco es fácil hallar un traje de baño. Mis calzones son un desorden, mis calcetas no tienen par y hay bras que ya no uso.
Necesito orden en los barnices, en las cremas porque sólo llegué a aventar todo el 2 de octubre (¿quién iba a pensar en acomodar un domingo luego de un bucle emocional?), hay que ordenar el gel, la cera, la plancha del cabello, la crema desmaquilante, mis cremas para el cuerpo, sacar medicamentos de ahí porque es salud y no belleza.
Es necesario sacar las cartas de los viejos amores, los recuerdos de Carlos (el futbolista de la prepa) o de Miguel, su hermano; o las cartas a Israel, las canciones que le escribí, las fotos que arrumbé ahí. Mis agendas caducas. Las cajas vacías, por si algún día se ofrecían. ¿Qué tal ordenar el recetario? ¿Donar la ropa que ya no uso?
Hoy mi armario me dijo: acomoda tu vida, nena, yo soy una señal…
lunes, 17 de octubre de 2016
Vi Amèlie y cambié de opinión...
Luego de muchos años, casi 12 años que vi, por primera vez, la película Amélie me animé a verla porque un compañero del trabajo me conminó a que le diera una segunda oportunidad, "seguro te va a gustar si la miras con otros ojos". Así que me decidí.
Recuerdo que cuando la vi, por allá de mis 15 años, estaba enojada o algo traía porque estaba afectada de ánimo, harta no pude apreciar la historia y al contrario me desesperó la inocencia y el ir y venir de los personajes sin que nada, absolutamente nada se concretara nunca. El rostro de ella me dio miedo y el rostro de él no me dio buena espina. Lo cierto es que, acostumbrada a las películas típicas de amor hollywoodense, tampoco le entendí porque -para mi yo de entonces- ese amor no existía.
Pero. La vi hace ratito y qué bonita historia. O sea la forma en que ella se entromete en la vida de los demás para hacerles creer, tener esperanza y fe; darles alegría y, de paso, encontrar su propia felicidad, dejar de ser la chica del vaso y no dejar que su corazón se haga frágil como un esqueleto de cristal. ¡Me conmovió mucho!
En la Universidad me enamoré de todo su soundtrack y ni así pude darle una segunda oportunidad a la película, fui al concierto de Yann Tiersen y ni así se la di, todo mundo hablaba maravillas de ella y no, tampoco. Pero ahora le quise dar otro chance porque se vale y se lo ganó.
via GIPHY
No estás sobrevalorada, Amèlie, yo soy la pinche loca de corazón duro como piedra que no te supo apreciar en su momento.
Quizá algún día haga lo mismo con Cien años de soledad, algún día... cuando esté muerta.
Recuerdo que cuando la vi, por allá de mis 15 años, estaba enojada o algo traía porque estaba afectada de ánimo, harta no pude apreciar la historia y al contrario me desesperó la inocencia y el ir y venir de los personajes sin que nada, absolutamente nada se concretara nunca. El rostro de ella me dio miedo y el rostro de él no me dio buena espina. Lo cierto es que, acostumbrada a las películas típicas de amor hollywoodense, tampoco le entendí porque -para mi yo de entonces- ese amor no existía.
Pero. La vi hace ratito y qué bonita historia. O sea la forma en que ella se entromete en la vida de los demás para hacerles creer, tener esperanza y fe; darles alegría y, de paso, encontrar su propia felicidad, dejar de ser la chica del vaso y no dejar que su corazón se haga frágil como un esqueleto de cristal. ¡Me conmovió mucho!
En la Universidad me enamoré de todo su soundtrack y ni así pude darle una segunda oportunidad a la película, fui al concierto de Yann Tiersen y ni así se la di, todo mundo hablaba maravillas de ella y no, tampoco. Pero ahora le quise dar otro chance porque se vale y se lo ganó.
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No estás sobrevalorada, Amèlie, yo soy la pinche loca de corazón duro como piedra que no te supo apreciar en su momento.
Quizá algún día haga lo mismo con Cien años de soledad, algún día... cuando esté muerta.
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