martes, 13 de enero de 2015

¡¡Cucarachas, muchas cucarachas!!


Si hay algo a lo que le tengo verdadero pánico, terror y asco juntos es a las cucarachas. Las arañas he aprendido a vivir con ellas y sobrellevarlas, digo... no me gustan, pero meh... no me pongo pálida.

Hace rato venía en el camión muy feliz y concha chateando con un amigo cuando de pronto vi algo pequeñito moverse, no le hice caso. Seguí en lo mío. Después vi otra "cosa" más grande, como estaba obscuro, le eché la luz del celular y zham: una cucaracha.

Me levanté en chinga. Y casi acababa de subir al camión y faltaba camino. Lo bueno es que no iba tan lleno y ya no había tránsito, así que el camino fue rápido. Aunque la ansiedad de sentir que me caminaban esas asquerosas cosas por el cuerpo no se me quitaban...

Por cierto, cuenta mi mamá que cuando era niña y vivíamos cerca de casa de mis abuelitos habían muchas cucarachas y en primavera éstas se triplicaban al grado de que los vecinos en la noche quemaban con gasolina las coladeras y, cuenta, sonaban muy feo entre crujidos y "chillidos"; el punto es que cuando veía una en la casa me desmayaba. De eso no tengo memoria, pero me desmayaba. Tengo antecedentes de que esas porquerías no las soporto.

¡Qué horror lidiar con esas asquerosidades!

(Sí, este es mi peor miedo, las odio *llora echa bolita*).

jueves, 8 de enero de 2015

Eso que llaman "relación larga"

Desde hace algunos días me he sentido sumamente extraña respecto a este tema, aunque más que extraña me siento... avergonzada. Sí, avergonzada de que cuándo me preguntan ¿cuál ha sido tu relación más larga?, les tenga que responder con la verdad y es que mi relación más duradera no pasó de un año.

Me da pena decir: "ocho meses". Pero les miento, fueron siete meses y tres semanas, y de esa relación tiene casi ocho años (en abril serán ocho años), yo acababa de terminar la prepa. De ahí en adelante, mis "relaciones" fueron una serie de encuentros fugaces que van desde la semana hasta los cinco meses. Me causa escozor, a veces, explicar por qué han sido tan efímeros e inestables. Las más, me justifico con que era mi época de desmadre; otras digo que porque me da miedo el compromiso (y es cierto, no miento); las menos, culpo a ellos porque no funcionara.

Creo que he tenido gran culpa en no saber escoger a los hombres con quienes me relaciono. La verdad no pensaba quedarme con Fénix, un mujeriego de primera marca, ni con Hugo que tenía signos de alcoholismo severo, ni con Uriel que siempre me tenía como segunda opción en su vida, o con Héctor que nunca me consideró en su vida pese a que me quería. Creo que equivoqué la cantidad con la calidad del cariño y, sí, quise llenar huecos profundos con ellos, personas que no se podían quedar conmigo y a las que nunca les abrí mi corazón. Digo, aunque cuente todo a medio mundo, incluso aquí, no expreso con todos mis sentimientos ni los secretos más obscuros de mi vida ni de mis relaciones.

Preferí, y sigo prefiriendo, estar sola a tener que soportar una relación mediocre, donde no esté feliz ni plena, en la que me hagan pensar que estoy mal siempre, que la culpa es mía, que la de las fallas soy yo siempre, donde llore en un taxi camino a mi casa o abrazada en el coche de mi amigo porque un cabrón me quebró cuando vi que tenía su harem en la misma fiesta o alguien que ya no tiene nada que ver conmigo y que nomás por costumbre estemos juntos. No, prefiero estar sola. Ya no deseo ni personas mediocres ni relaciones a medias tintas.

Quizá por eso amé tanto a Israel (el novio de "ocho meses" con quien ahora me llevo muy bien y tenemos una relación agradable, cordial y amistosa) porque a pesar de que fue mi novio no una no dos sino tres veces siempre en los "descansos" estaba el amigo, el que soportaba mis lágrimas, mis problemas, mi caos emocional que apenas era la punta del iceberg. Nunca me reprochó nada (como amigos, eh; como novios, al final, fue otra cosa) y a veces sólo me escuchaba, tenía esa facilidad-habilidad de hacerme reír y sacar lo mejor y lo peor de mí en muchos momentos. Tal vez por eso aún lo conservo en mi vida.

También ésa es la razón por la que amo tanto a Trick, creo que es el mejor amigo que he podido tener y que el destino me pudo dar, me ha escuchado, soportado y aguantado todos mis dramas amorosos. Perdió la cuenta de cuántas veces me rompieron el corazón, de cuántos y cuáles eran los chicos con quienes había salido. Me limpio las lágrimas y los mocos, literalmente, cuando me puse a llorar por tanta mierda que traía en una fiesta. Hemos soportado muchas situaciones tanto de uno como de otro y, nunca se lo he dicho, gracias a él aprendí a perdonar y saber ofrecer una disculpa en el momento adecuado. (Alfredo, mi hermano de alma, es un caso aparte, muy parecido a lo que he vivido con Trick).

Me caga que a mis 25 años me dé pena decir que soy una fracasada emocional, una chica que no ha podido establecer una relación duradera, cuando todos pueden presumir de una; pero yo no. Yo me avergüenzo, aunque no lo demuestro, de no poder "presumir" cual trofeo social ese "logro".

No, amigos, no he tenido una relación larga. No sé si la tendré porque no creo en el valor de las etiquetas ni los títulos. Me gusta andar con alguien, no ser la novia de alguien, me caga el sentido de "es mío/a", la tenencia, la propiedad. No sé si quiero eso, creo que no. Me siento sin rumbo, perdida. Así que eso que llaman una relación larga y próspera y bonita, con vergüenza: no, nunca la he tenido.


miércoles, 7 de enero de 2015

Tintorería con banda ancha*

Entras y el lugar luce como una tintorería, hay camisas colgadas al fondo y en la pared al lado de las computadoras. Las camisas, sacos, abrigos, corbatas y pantalones ocupan el 70 por ciento del espacio de, tal vez, poco menos de 5 metros de largo y 3 de ancho, el restante es ocupado por apenas tres máquinas de monitor grande y viejo, con gabinetes de CPU un tanto destartalados. Cada una está separada por divisiones blancas de madera que te dan cierta privacidad para hacer lo tuyo. Huele a vapor, plástico y otro olor que no puedes identificar. Hace un poco de calor, pero es soportable, viniendo del frío de la calle, te parece cálido el lugar. Quien te atiende es un señor de cabello negro y grasoso, piel morena, de rostro maltratado por el acné y unas gafas de pasta grandes y opacas, desde su silla tubular y negra te dice qué máquina tomar, la señala y a dos pasos ya estás ahí: en tu silla alta y tu monitor blanco amarillento por el tiempo. A la izquierda está un señor de traje color azul marino y camisa amarilla, apresurado:

- Tienes una pluma y una hoja que me regales –te pregunta.
- Claro –se la ofreces.
- Muchas gracias, soy una persona bastante olvidadiza y estoy buscando empleo… ¿usted trabaja o estudia? –sueltas una risa ligera.
- No, ya trabajo. Hace un par de años salí de la Universidad y me dedico a mi carrera.
- Pero… -hace una pausa sorprendido- si se ve muy jovencito. Sus padres deben estar orgullosos de usted… los jóvenes deben ser quienes saquen de la mierda al país –finaliza y escribe algo en el papel.
- Muchas gracias –continúas con tu labor.

El precio por hora es de 10 pesos, la media hora está en 7 pesos y si quieres usar la diadema para hacer videollamadas te la alquilan en otros 10 pesos. Las impresiones a blanco y negro están en un peso con cincuenta centavos. Piensas que los precios son un abuso para tan lento internet y servicio tan deficiente, pero sigues ahí por la necesidad. Si quieres imprimir a color, depende la saturación de la tinta y te especifican que puede ir de 20 a 50 pesos por hoja. ¡Un completo abuso y estafa! La velocidad del internet no es rápida y la computadora se traba a cada rato porque faltan actualizaciones y un complemento Shockwave para acelerar la navegación.


Al desocupar la máquina, te das cuenta que el señor no está en su silla y no lo ves por ningún rincón del diminuto lugar. El señor de traje luce demasiado concentrado para molestarlo, así que esperas sentado en tu lugar a que regrese quien te pueda cobrar tu estancia ahí. Después de unos minutos, el mismo señor de cabello grasoso abre la puerta corrediza de cristal, apresurado, se sienta. Se disculpa y te explica que fue a platicar con el tendero de al lado, quien le contó que, otra vez, faltará el agua hoy y mañana por lo que tendrá que apartar cubetas y cubetas para que pueda trabajar y agrega que es muy difícil poder hacer algo en esas condiciones, las ventas bajan y por eso optó por poner unas computadoras en el pequeño local. No le quedó de otra, dice. También que cree que las cosas se pondrán peor con las marchas, los desaparecidos, las ejecuciones y los feminicidios. Le entregas el billete de 20 pesos, te regresa dos monedas de 5 pesos. Agradeces y te vas. Al salir te da la sensación de que algo te ha escupido de nuevo al mundo y al frío, como que te han devuelto a la realidad.

*Texto in situ para el Taller de periodismo narrativo 

lunes, 5 de enero de 2015

Una historia de día de Reyes

Hace muchos años, en un día como éste mi mamá me llevó a la feria en Iztapalapa. No sé si aún la sigan haciendo, pero para mí era bien chido andar del tingo al tango porque no pasábamos mucho tiempo juntas pues fue madre soltera  durante muchos años y debía trabajar. Así que le dieron el día y  aprovechamos para disfrutar el día juntas.

No recuerdo bien qué me habían traído los "Reyes", pero me trepé a las tacitas, a la licuadora donde me encontré a un ex compañerito de la primaria (que me agarró la pierna), jugué en las canicas y en otros juegos de destreza así que me gané varios juguetes y unas seis pelotas. ¡Bien chingona yo!

De regreso, en la noche, cuando nos subimos al Metro un niñito de unos cinco o seis años, se tiró al piso para limpiarle los zapatos a mi mamá: ella le tocó la cabeza y pidió que se levantara. El niño obedeció y mi mamá le dijo que no anduviera haciendo eso. El niño nomás se le quedó viendo a las pelotas que llevaba y no les quitaba el ojo.

Entonces.

Madre le preguntó si quería una. Él respondió que sí con una sonrisa grande, enorme, sincera, radiante. Acepté y le dimos una pelota.

Al tomarla, él la abrazó fuerte y se le iluminó el rostro, la botó una dos tres veces; volvió a abrazarla, la olió, la tocó completa; la botó de nuevo una dos tres veces; nos miró, sonrió, se salió del vagón y se sentó a botarla un rato.

Al avanzar el Metro lo perdimos. Pero cada año lo recordamos...


sábado, 3 de enero de 2015

Inicio de año jarcor

He querido escribir sobre lo que me pasó el jueves, luego de la celebración de Año Nuevo en casa de mi tía en Pueblo Quieto, pero como que no me ha salido o me da penita o pudor o qué sé yo. El punto es que me la pasé bien, pese a que siempre me predispongo a las cosas, bailamos, reímos, comimos sencillo, bromeamos y tenemos hartas fotos vaciladoras y vídeos cabuleadores donde nos vemos pachangueando en comunión familiar.
Dormí temprano, mi cuerpo ya está acostumbrado a descansar a cierta hora y me caigo de sueño a más tardar las 12, aunque esta vez me dormí a la una y media. Luego de un tequila. Fuimos a la fiesta de un vecino de mi tía, pero yo llevaba vestido y hacía mucho frío, así que me regresé a cambiar y como me dio hueva, ya no salí. Me quedé a dormir plácidamente. 

...hasta que ocurrió la desgracia. 

El hermano de mi papá es alcohólico y mala copea muuuuy cabrón, entonces escuché gritos, que todos salieron y como a mí me vale madre el mundo (que no debería, pero es la realidad, si no soy requerida, si no me llaman, pos mejor no le juego al chingón ni me meto, sigo dormida y ya después me enteraré del chisme, y eso siempre pasa), seguí dormida hasta que vi que metieron, cual trapo, al hermano de mi papá, perdido de borracho, mi tío lo sometió con una llave y cuando se separó zham vimos que estaba lleno de sangre. Sí, estaba descalabrado y cuando vi eso, ya me levanté. Mi tío no dejó de agarrarlo. Fui por hielo y agua para limpiarlo, cortamos sábila para pararle la sangre de la herida. 

Total que ya medio se había calmado y tuvimos que "someterlo" entre varias personas, yo traigo lastimada mi muñeca derecha, le tuvieron que poner café para que le hiciera costra y le dejara de sangrar... por fin, pude ver que la Esposa-Bulto de mi tío sí sirve para algo, ella ayudó a que él dejará de sangrar. 

Tras una hora de estar batallando con el borrachín, todos nos fuimos a dormir. La esposa del borrachín lavó la ropa del susodicho, de mi tío, el colchón y los trapos llenos de sangre. 

Al despertar, todo como nuevo, menos el borrachín que estaba raspadísimo de la cara y con la moral hasta abajo. Me ofreció una disculpa, la acepté. 

*** 
Por otro lado, mi tía y yo hemos tenido algunos problemas porque dice que yo le pongo cara cuando viene a la casa y que me quejo de que se quede a dormir conmigo. Y sí, tiene razón, estoy acostumbrada a dormir sola y ella ronca como trailero, por lo que despierto de malitas pues los ronquidos son la única cosa que me despiertan en la noche. 

Así que ella se le ocurrió que un buen momento para decirme las cosas era frente a todos, fue su problema. Me dice: "hija, ya cambia ese mal carácter".  Y le respondí: "mira tía, el día que tu hija loca cambie su carácter y la forma en cómo trata a sus hijos, entonces hablamos. A mí no me critiques". Se quedó calladita. 

(No me enorgullece aunque era necesario e imperativo poner las cosas en su lugar. Si no le doy lata a mi mamá, y mis papás no se meten conmigo ni mi forma de ser y me dejan hacer y ser quien yo quiera, no sé por qué les afecta tanto a los ajenos). 

*** 
También me di cuenta de algo que mi mamá hizo hace muchos años por mí y por ella misma, pero hasta ese día pude darme cuenta y se lo agradecí enormemente. Dolió, pero hubiera dolido más tener que soportar cada noche, cada día la preocupación de ver a alguien especial como estuvo este señor Borrachín. 

Las cosas pasan por algo y en el momento menos esperado, los cambios empiezan a dar frutos. 

***
Loquisímo inicio de año. Bien jarcor y, de nuevo, estoy enferma *toing*... 

jueves, 1 de enero de 2015

Estrenamos página de Facebook

Queridos seguidores de éste su blog de confianza: 

¡Ya tengo página de Facebook! ...bueno, el blog. Lleva activa desde hace dos semanas, así que si quiere leer mis ocurrencias a lo largo del día, las frases vaciladoras y todo lo que se me ocurra, dele laic a la página y nos leemos por allá. 

¿Dónde? 

Aquí: https://www.facebook.com/malcriandocuervos


La bandera de la Monu*

Se nota que días antes hubieron fiestas por todos lados, la basura en la calle lo refleja: máscaras, antifaces, botellas y latas de cerveza, una que otra calabaza tirada deja ver que Halloween ya pasó. 

En la esquina está el camión de la basura y cuatro perros alrededor, esperando un hueso o un pedazo de pan. Mueven la cola. Más adelante, cerca de la tienda de materiales de construcción está el gato atigrado tirado en la grava tomando el sol, unos rayos cálidos y tiernos, aunque el aire frío propio de esta zona alta de la Ciudad de México pega fuerte en las mejillas y sientes que te corta la piel. 

El gato echa miradas sin interés a su alrededor y comienza a limpiar su pata izquierda. El chico de los tamales grita “hay tamales, tamales calientitos: de dulce, de mole, de rajas. Ricos tamales oaxaqueños”, una y otra vez. Su triciclo es amarillo, al frente carga dos botes de aluminio y arriba una cubeta con vasos de unicel, rollos de papel de estraza, cucharas y bolsas de plástico. 

Las papelerías cercanas a la primaria se encuentran llenas. Los niños corren, las mamás van detrás de ellos. En la entrada se quedan muchas mujeres en pants, con tubos en el cabello, gorra, tenis, chamarras gruesas, platicando animadamente. Obstruyen el paso, no cabe un alma más en ese pedacito de banqueta. Una patrulla vigila de cerca la zona y un policía de tránsito modera el avance de los coches y permite a los niños pasar a la entrada de la escuela. Pocas son las tiendas que ya abrieron, aún es muy temprano. Pero los perros ya empiezan a buscar el alimento. 

Algunas mujeres bajan con pan y leche. El camión de ruta pasa demasiado lleno y deja enfurecidos a muchos que ya no pueden subir: unos esperan el siguiente, otros deciden caminar hasta la avenida principal. 

Al dar la vuelta, el camión del gas tomó el lugar del camión de basura y los perros ahora están echados al sol, en un pedacito de periódico, la portada sensacionalista de Metro, un niño pequeñito con uniforme de kínder lo acaricia, su mamá lo regaña y se van. 

Todo vuelve a la calma. El vecino quita los adornos de Halloween de su casa y lo sustituye por su clásica bandera de la Monu del América.

*Ejercicio del Taller de periodismo narrativo