domingo, 23 de septiembre de 2012

viernes, 21 de septiembre de 2012

La abuela

Hace dos días fue el cumpleaños de la abuela, esa mujercita que de ser vigorosa cuando yo tenía cinco años, ahora es una pasita encorvada, cansada, con sus ojos serenos y cada día más profundos. Su cabello canoso, parece escarcha propia de los años y el sufrimiento que pasó.
Hace no mucho la soñé con un traje verde y su cabello castaño, color chocolate, más joven, guapa y más fuerte; la vi feliz, entusiasta. Aquel día, desperté contenta; pero con una tristeza inmensa a la vez. Me da miedo perderla físicamente... No, no me da miedo que muera, le temo a que el tío no nos avise y no pueda despedirme de ella, a eso le tengo miedo, a no poder decirle adiós. Aunque cada que la veo, le digo "adiós" con la mirada y lloro en silencio para que mamá no sepa que me duele. Prefiero hacerme la fuerte.
A veces me pregunto si lleva en el nombre la penitencia: Soledad. Soledad Aranda y su soledad. Ella y el Alzheimer que se apoderó de sus recuerdos desde hace algunos años, más de siete. Es una pena que no recuerde nada. No me recuerda a mí y eso me deprime. Algunos dicen que somos afortunados por tenerla aún con nosotros y yo creo que sí aunque me gustaría tenerla entera, con sus recuerdos.
Me parte el alma verla llorar cuando saca, de su empolvada memoria, los años en que llegó a la Ciudad de México desde San Luis Potosí. Una vez, en su viaje (porque es un viaje), me contó de su primer amor con quien tuvo un hijo: el tío Juan, un cabrón machista, y cómo su madre Constanza se lo arrebató por ser muy joven.
Algunos días me pregunto si verá el mundo igual que yo o si lo ve desde el abismo de su memoria pérdida o si con el presente intenta su memoria frágil reconstruir las ruinas de un pasado que es sombra...
¡Qué orgullosa estarías porque me gradué y soy comunicóloga/periodista!
Eres una gran mujer pues me apoyaste cuando huí de casa a los ocho años, me consolaste cuando pasaba por muchos problemas, por el divorcio de mis padres, la muerte del abuelo, la ruptura con mi padre y, de pronto, tu cadera y después el Alzheimer nos robó tu presencia, las navidades, los Años Nuevos, el bacalao, los buñuelos y los tamales verdes con comino, los platos de fruta, las idas a la primaria o al mercado. Nos arrebató tus cosas: tu jardín, tus carpetas, tus zurcidos, los tejidos, los chiflidos... ¡te quito de acá desde hace mucho tiempo!
¿Lo hiciste para escapar de la realidad de perder a tu viejo? A veces lo creo.
No reprocho que se hayan ido tus recuerdos y que de mí tengas un vago recuerdo; les reclamo a tus hijos que no hayan peleado por ti, yo no podía pues no tenía presencia legal para hacerlo.
Ahora bien, sé que en el otro mundo o en la otra vida, si es que existen, podremos vernos, encontrarnos de nuevo y te abrazaré con todas mis fuerzas; agradeceré por tener a tan buena persona en mi vida. Y ahí no perderás la memoria ni te olvidarás de mí, ahí estarán tus recuerdos intactos y ahí estaremos tú, yo y el abuelo felices con "La Campanita", con "la bodeguita", las navidades, las cenas, la sopa de fideos y todas tus maravillosas cualidades. Mientras tanto disfrutaré de tan bella presencia en esta tierra...
Y sabes algo más: te amo, viejita y ¡feliz cumpleaños!

IV

Miércoles, 18 de agosto de 19...

Querida mía:

Me pregunto ¿cómo estás?, espero que mejor que yo porque dí demasiados rodeos para escribirte esta misiva (que no sé si enviarte). Recuerdas aquella tarde en el bosque cuando preguntaste por qué me gustaban estos lugares... Estuve pensando y la verdad no tengo un argumento válido para esa afición pues es una certeza como saber que respiro porque estoy vivo o que mi corazón late por ti porque me gustas y te quiero; no tengo una razón, lo sé y punto. Aunque con una cita de Benedetti (el autor de mi obsesión en turno y cómplice de mis desvelos solitarios) te lo puede explicar de manera un tanto más gráfica:
"Por lo general el viento era suave y quizá por eso los grandes árboles no discutían, sino simplemente intercambiaban comentarios, cabeceaban con buen humor, me hacían señales de complicidad. A veces me apoyaba en algunos de los más viejos y la corteza rugosa me transmitía una comprensión casi paternal. Repasar la corteza de un árbol experimentado es como acariciar la crin de un caballo que uno monta a diario. Se establece una comunicación muy sobria (no empalagosa, como suele ser la relación con un perro insoportablemente fiel) pero lo bastante intensa como para que después uno la eche de menos cuando vuelve al trajín de la ciudad", así más o menos me siento con los parques; me dan tranquilidad, un olvido casi amnésico de todo lo que me ocurre y acontece en el caos de esta ciudad (que es mucho).
¿Sabes, no sé si notaste que dije: "me gustas" y "te quiero"? No creas que lo escribí por casualidad o para que la idea de las certezas quedaran perfectamente ejemplificadas. Lo escribí en serio: me gustas y te quiero.  Debo aclararte que ésta no era la intención cuando empecé a frecuentarte y a escribirte mi acontecer por la ciudad, más bien tu carisma, simpatía, amabilidad y fragilidad han hecho que me prenda de ti y tu esencia. Tampoco quiero alabarte en exceso porque no es la intención primera de esta carta.
Me gusta mucho tu cabello corto, luces fresca y agradable. No deseo que mal entiendas mis palabras y te alejes de mí pues me caes muy bien y si no se siente lo mismo de allá para acá, no te apures. Todo estará bien, lo garantizo. Sólo quise expresarte mis pensamientos y sentimientos atiborrados, hechos nudo en mi cabeza, hacia tu persona bella.
Debo confesarte que dedico parte del día en pensar en ti, también por las noches te dibujo en mis sueños y calmas mis pesadillas; parece que cada que cierro los ojos te veo. No te creas, cuando miro la luna, esa bella compañera mía y cómplice en esta aventura, te recuerdo y recuerdo que te encantan las lunas claras, grandes de octubre porque te parecen las más bonitas aunque las de noviembre sean igual de atractivas. Pronto llegará octubre ¿no te emociona? Será mi regreso a la ciudad y tengo ansías por verte, volveré antes de mi cumpleaños, lo prometo. Quiero celebrar contigo estos 23 otoños y espero que te encuentres junto a mí, de algún modo.
Considero que ahora será momento de dejarte asimilar cada palabra que te he escrito, ¿te agobié? Lo siento.

Sin más me despido.

Con amor, ...

Post-cita (o lo que se me olvidó decirte):
"-Ahora es distinto. Creo que estoy empezando a enamorarme.
-Ah.
-Dije que creo que estoy empezando.
- Mirá, si admitís que estás empezando es porque ya te enamoraste".

¿La cachas?

jueves, 14 de junio de 2012

jueves, 24 de mayo de 2012

El peso de las palabras

Ventana sobre la palabra(VI)

La A tiene las piernas abiertas.
La M es un subibaja que va y viene entre el cielo y el infierno.
La O, circulo cerrado, te asfixia.
La R está notoriamente embarazada.
- Todas las letras de la palabra AMOR son peligrosas -comprueba Romy Díaz-Perera.
Cuando las palabras salen de la boca, ella las ve dibujadas en el aire.

Eduardo Galeano.

Del baúl

Algunas calcomanías, dibujos y demás que me encontré en mis cajones.

Diálogo III

- ¿Quieres un chocolate o un pulparindo?
- Quiero un beso con chocolate porque de pulparindo será algo ácido.
- Ok... ¡entonces, te doy el chocolate! [Después será el beso]
...
- ¿No sientes muy padre ese momento en que compartes el aire que respira el otro...?
- [Sí...]