Sí, es muy curioso que un día estás en El Paraíso corriendo
como hippie por prados de flores de colores y al siguiente ya te estás muriendo
de frío en El Infierno de Dante. Así de diametralmente opuesta puede ser la
vida.
Llegó el trabajo, empezó la lejanía y las palabras extrañas
como “no te detengas por nadie, Yuriko, y mucho menos por mí” y otras más de
ese estilo (mi mente jamás entendió como
por qué chingados me iba a detener por él, ¡misterios de la vida!), pasamos
de los besos a los “piquitos”, de los abrazos mientras caminábamos a sólo
caminar como broders, y yo pasé de
sentirme feliz a sentirme extraña y en constante cambio, un cambio que ni él ni
yo comprendíamos.
Tengo la maldición de las tres semanas. Me explico: cuando
entré el año pasado a trabajar, tenía novio y exactamente a las tres semanas
“¡adiós, Superman, bye, bye, bye, bye!” (como
la canción de Chabelo jajaja), así que este año, pasó prácticamente lo
mismo. Obtuve el empleo, una semana bien, dos semanas medio bien, tres semanas
“gracias por participar, suerte para la próxima”. Así es esto del tráfico de
armas en Siberia… a veces se da y otras veces te da.
